22 abr. 2009

Todos hablan contra el proteccionismo, pero 47 países ya han tomado medidas de ese estilo y 17, son del G-20


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Rusia aumentó los aranceles para autos usados, Ecuador hizo lo mismo con unos 600 productos; China cerró la entrada a diversos productos europeos y en Indonesia limitaron el ingreso de bienes a algunos puertos. A eso se agregan las dificultades en Venezuela por el control de cambio.

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Mientras el mundo entero intenta salir airoso de la crisis y en los foros internacionales los economistas resaltan la inconveniencia de aplicar medidas proteccionistas, el Banco Mundial (BM) ha detectado que en 47 países, incluidos 17 del G-20, ya se han aplicado medidas abiertamente proteccionistas.

Según algunos expertos, los mismos Estados Unidos o países de la Unión Europea con sus planes de rescate para el sector automotor o financiero o impidiendo la contratación de extranjeros o llamando a comprar los productos nacionales, también están haciendo proteccionismo.

"Ha habido mucha acción de prevención principalmente retórica en el G-20. En las reuniones se ha hablado de la inconveniencia del proteccionismo y de los daños que puede causar. Pero igual los países adoptan medidas, aunque no creo que tan graves. No como una política de Estado, como ocurrió en los años 30", aseguró recientemente Francisco Garcés, director del Centro de Economía Internacional del instituto Libertad y Desarrollo de Chile, quien ha estado monitoreando últimamente el tema.

La Lección

Durante la Gran Depresión los países cerraron sus fronteras y tuvieron que lidiar con las consecuencias de esa decisión durante años. Una recuperación que tardó en llegar es la mejor enseñanza que sacaron las naciones que hoy buscan cómo salir de la crisis. Si bien hace 70 años la principal restricción fue arancelaria, hoy, dos tercios de las medidas que ha detectado el BM son barreras de otro tipo (sanitarias, de licencias, etc.).

Hoy, entre los países desarrollados no existen gobernantes o partidos políticos en el poder que tenga los mismos entusiasmos proteccionistas que había durante la Gran Depresión. Y aunque para muchos la retirada de la crisis demorará, lo cierto es que hoy, en la mayoría de los casos, los países están entre la espada y la pared y deben decidir qué hacer para perder el menor empleo posible y no debilitar su posición económica.

En este sentido, los gobiernos están muy presionados para imponer medidas proteccionistas, lo que es comprensible por la situación económica, aseguran en el BM. Pero -añaden- más allá de las presiones a los gobiernos o del doble discurso de algunos países, lo cierto es que si la crisis se profundiza, las presiones serán mayores, y si se intensificaran causarían mucho daño, especialmente a los países más débiles o en desarrollo, porque se agudizaría el desempleo, caería el ingreso y aumentaría la pobreza.

Frente a esto, los gobiernos razonables buscan agotar las instancias de diálogo y siempre tienen a mano la opción de usar mecanismos bilaterales de solución de controversias, una opción que no suelen desechar.

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