9 mar 2009

El ultraderechísta Avigdor Liberman perfila como canciller de Israel

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El presidente del derechista Likud, Benjamín Netanyahu, ha cedido a todas las demandas de Israel Beitenu, pues necesita imperiosamente sus 15 escaños para aglutinar al menos 61 de los 120 asientos en la Kneset.

"Es como funcionan las cosas cuando Bibi [Netanyahu] necesita a Yvet más que Yvet a Bibi", confesó al diario 'Haaretz' una fuente cercana a las negociaciones, usando los nombres de pila de ambos políticos.

Lieberman "planteó un completo ultimátum, y en tanto que líder de nuestro principal socio de coalición, no teníamos más remedio que escucharle. No quiso siquiera hablar de la posibilidad de no recibir los ministerios de Exteriores y Justicia", reconoció, por su parte, un asesor de Netanyahu al periódico 'The Jerusalem Post'.

Asuntos Exteriores, Seguridad Pública, Turismo e Infraestructuras Nacionales son, pues, las carteras que dirigirá la formación que plantea la expulsión de los árabes con ciudadanía israelí que no juren fidelidad al Estado judío.

Lieberman también ha forzado a Netanyahu a mantener al frente de Justicia al polémico Daniel Friedman, enfrentado a la magistratura por su política de dar competencias judiciales al poder ejecutivo.

La presencia de Friedman en el Gobierno implica que los laboristas del ministro de Defensa, Ehud Barak, no integrarán la coalición bajo el paraguas de Netanyahu, como dejó claro Barak el viernes en una entrevista televisada.

Una fuente cercana al líder laborista confirmó anoche que la cúpula de la formación ha dado el no definitivo y pasará a la oposición.

Likud e Israel Beitenu no han alcanzado todavía acuerdo alguno sobre la creación en Israel de los matrimonios civiles, que defiende el partido de Lieberman para legalizar la situación de muchos de sus votantes originarios de la extinta Unión Soviética que no pueden casarse en el país porque su madre no es judía.

Un pacto que abra claramente la puerta a estas uniones supondría la negativa de los dos partidos ultra-ortodoxos judíos --a sefardí Shas (once legisladores) y la asquenazí Judaísmo Unido de la Biblia (cinco)-- a entrar en el Ejecutivo, lo que dejaría a Netanyahu en minoría parlamentaria.

'Haaretz' precisa asimismo que Netanyahu ha decidido correr el riesgo de formar una mayoría mínima --una coalición formada justo por la mitad más uno de los diputados de la Cámara-- para ahorrarse la mala imagen internacional que supondría incluir a la formación de extrema derecha Unión Nacional (cuatro escaños).

Unión Nacional aboga por un Gran Israel que se extienda del Mediterráneo al Jordán y cuenta en sus filas con partidarios del rabino Meir Kahane, cuyo partido fue ilegalizado en el Estado judío por el contenido racista de su programa político, que pide la expulsión de los palestinos de Gaza y Cisjordania.

"Si [Netanyahu] accediese a autorizar los asentamientos [judíos en territorio palestino] que ha pedido la Unión Nacional, haría un daño irreparable a su relación con el Departamento de Estado" de EEUU, apunta otra fuente próxima al proceso negociador.

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