1 jun. 2009

Especuladores de mercado (inversores) fueron por lana; y podrían salir trasquilados


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El nombre burbuja suele tener como apellido inmobiliaria, bursátil, de materias primas, de deuda privada... pero nunca -o casi- el de deuda pública. Ésta desprende un halo conservador y seguro que no atrae a los especuladores, por lo que permanece a salvo de los ataques de euforia o irracionalidad que sí sufren otros activos.

Sin embargo, así ha sido en los últimos meses, porque los precios de la deuda pública se han inflado. La virulencia de la crisis financiera propició el éxodo de los inversores desde los activos más arriesgados hacia el refugio de los títulos emitidos por los Estados, una migración que provocó la consiguiente caída de los rendimientos, que bajan cuando el valor de los títulos sube con motivo de las compras.

Pero el panorama está cambiando, y existe el riesgo de que la deuda pública sufra un pinchazo similar al padecido por la bolsa o las materias primas en 2008. Las amenazas que penden sobre sus precios son dos: los bajos rendimientos que ofrece ahora y las históricas emisiones por parte de los Estados.

Mucho riesgo, poco premio

"La seguridad tiene un coste de oportunidad elevado. Invertir en deuda gubernamental no da ningún valor", sentencia Eric Ollinger, consejero delegado de la gestora CapitalatWork. En efecto, los rendimientos que ofrece tanto a corto como a largo plazo son reducidos, una consecuencia derivada de la sobrecompra de los meses anteriores.

Sobre esta base, el riesgo de burbuja se manifiesta en la histórica diferencia existente entre los rendimientos a corto y largo plazo. En España, por ejemplo, la brecha entre las letras a un año y los bonos a 10 años asciende a 333 puntos básicos o 3,33 puntos porcentuales, la más alta de siempre. Esa misma tensión desprenden las curvas de rentabilidades de EEUU, Reino Unido o Alemania, una realidad que históricamente ha anticipado el camino de vuelta. Y éste cuenta con detonantes de sobra para activarse.

Con la rebaja de los tipos de interés agotada, la aparición de los brotes verdes en la economía mundial y el posible retorno de la inflación, los analistas coinciden en que los rendimientos repuntarán. Es decir, consideran que las ventas tomarán el mando en este mercado, con la consiguiente caída de los precios. Si ocurre, los inversores hallarán una sorpresa inesperada: sufrir pérdidas en un producto tan aparentemente seguro como la deuda pública. Los padecerán los fondos de deuda pública, puesto que verán caer el valor de su cartera, y también los encajarán los ahorradores que quieran vender los títulos en el mercado antes del vencimiento y lo hagan a un precio inferior al de compra.

Riesgos a la vista

Estos riesgos ya están sobre la mesa, ya que las rentabilidades están subiendo, sobre todo en la deuda a largo plazo. La de los bonos españoles a 10 años ha pasado del 3,81 al 4,28 por ciento. "Empieza a materializarse el escenario que manejábamos a comienzos de año de un paulatino repunte de los tipos de interés a largo plazo", sostiene Banif.

Esta tendencia, vinculada a la operación regreso de los inversores hacia otros activos como la bolsa, se intensifica por las emisiones de deuda con las que los Estados están financiando sus déficits públicos. "El mercado está exigiendo que los Estados paguen más por sus títulos", afirma Pablo Guijarro, director de análisis macroeconómico de AFI. Asu vez, esta realidad amenaza con acelerar el proceso de ventas, puesto que los inversores preferirán vender los títulos actuales y esperar a comprar los que se emitan en el futuro, que abonarán más intereses.

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