5 mar. 2009

Pérez Roque y Lage reconocen "errores" y prometen "honestidad, lealtad y compromiso eterno con la Revolución"


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Triste despedida de los dos políticos a quienes hasta hace poco se consideraba los mejor colocados para suceder a los Castro. Granma publicó sendas cartas de dimisión y sumisión en las que el excanciller Felipe Pérez Roque y el ex secretario del Consejo de Ministros Carlos Lage, destituidos de tales cargos el lunes y tachados de indignos por Fidel al día siguiente, admiten "errores" que no precisan y renuncian, ante el presidente Raúl, a los puestos que mantenían en el Partido Comunista, el Consejo de Estado y el Parlamento.

Carlos Lage, 57 años, hombre de la máxima confianza de Fidel Castro durante los tres decenios que le acompañó en el poder y arquitecto de las reformas económicas que permitieron a Cuba sobrevivir a la caída de la URSS, escribió y firmó: "Reconozco los errores cometidos y asumo la responsabilidad. Considero que fue justo y profundo el análisis realizado en la pasada reunión del Buró Político. Puede usted (Raúl Castro) estar seguro de que mi nuevo puesto de trabajo será una oportunidad para continuar sirviendo a la Revolución y siempre, como hasta hoy, seré fiel al Partido, a Fidel y usted". Al principio del texto, dirigido al "compañero Raúl", Lage presentaba su renuncia como miembro del Buró Político del PCC, vicepresidente del Consejo de Estado –el órgano de más poder en Cuba– y diputado. Ayer no se conocía el nuevo empleo de Lage, que es pediatra.
Similar era la carta de Felipe Pérez Roque, ingeniero electrónico de 43 años a quien Fidel convirtió hace diez en su mano derecha ante el mundo y en el ministro más joven de la revolución. En su escrito al "querido Raúl", el ex canciller que con tanta vehemencia desafió siempre al "enemigo imperialista" por su "cruel e injusto bloqueo" y sus prácticas de "terrorismo de Estado"; el diplomático hecho a si mismo que no obstante se había ganado cierta confianza entre muchos políticos europeos, también admitió "plenamente" haber cometido "errores" y prometió "modestia y lealtad" a los Castro y compromiso eterno con la revolución.
Las cartas llevaban fecha del 3 de marzo, el día en que Fidel publicó la "reflexión" en la que dijo de los dos ex dirigentes que "la miel del poder por el cual no conocieron sacrificio alguno despertó en ellos ambiciones que los condujeron a un papel indigno", de forma que el enemigo externo se llenó de ilusiones con ambos".
El ex presidente publicó ayer un nuevo escrito, esta vez para relatar extensamente su encuentro del miércoles con el líder dominicano, Leonel Fernández, junto al que aceptó fotografiarse. Fidel aparece notablemente recuperado en esa imagen, que según él se tomó a petición de Fernández para evitar un desmentido de las noticias de la reunión. "Yo le respondí bromeando que nadie correría ese riesgo (el de tal desmentido), porque sabían que yo podría montar en avión y aterrizar en un país vecino", escribió Fidel. Era su forma de decir hasta qué punto se encuentra en forma. La caída en desgracia y hundimiento de Lage y Pérez Roque recordó episodios similares de las etapas más duras de la Revolución. Los casos Ochoa ("héroe de la revolución" fusilado en 1989) por mantener vículos con el narcotráfico; y Robaina (el canciller destituido por "deshonesto" en 1999) volvieron a la memoria de todos.
Este recuerdo y sobre todo los propios hechos eclipsaron parcialmente la profunda remodelación del Gobierno, en el que Raúl ha renovado todo el equipo económico, fusionado cuatro ministerios en dos y prescindido de un total de 10 altos cargos, entre ellos 8 ministros.

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