30 mar. 2009

El manejo politico partidario de los Bancos de ahorro y crédito los hizo trizas


loultimoenpolitica.blogspot.com

La pregunta está hoy en la calle: ¿es la intervención del Banco Castilla-La Mancha la primera ficha que cae del dominó gigante de las instituciones de crédito de esta misma naturaleza? Hay razones para pensar que sí, y prueba de ello es que los bancos, menos vulnerables que las cajas por lo que luego se dirá, están cayendo estrepitosamente en la bolsa. loultimoenpolitica.blogspot.com sabemos que la confianza es todo, y que se debe ser responsable. Pero entre un Banco y un ahorrísta, no tenemos duda. Optamos por los ahorrístas. Por lo tanto deben quitar el dinero de las Cajas en forma URGENTE.

El Banco Castilla-La Mancha (CCM), resultado de la fusión de pequeñas cajas castellano manchegas, se había convertido en la herramienta financiera de un pequeño grupo de empresarios inmobiliarios regionales en los que se concentró la mayor parte del riesgo. Hernández-Moltó y Barreda administraron la Caja como una finca, es decir, supeditaron la racionalidad económica al lucimiento político. Así se explica, por ejemplo, que el Banco tuviera un papel destacado en la incierta aventura del Aeropuerto de Ciudad Real o que apoyara hasta más allá de lo razonable al núcleo duro de la inmobiliaria Colonial.

Evidentemente, la crisis ha dejado la CCM en la insolvencia. Pero no se trata en absoluto, como asegura Solbes, de una situación coyuntural: hay que hablar más bien de inviabilidad estructural. Por dos razones: en primer lugar, porque la CCM, como otras muchas cajas españolas, es demasiado pequeña para ser viable. Y, en segundo lugar, porque ninguna institución crediticia puede salir adelante cuando los criterios de gestión son políticos y no de pura racionalidad económica.

Cajas políticas

Esos mismos criterios políticos son los que han impedido una mayor concentración de cajas en nuestro país. Cada camarilla política quiere disponer de su propia herramienta. De donde se deduce que podemos prepararnos a asistir a la intervención de numerosas pequeñas cajas. Pero, además, la institución de las cajas de ahorros ha perdido todo el prestigio, no sólo a causa de la quiebra técnica de la CCM sino también de lo que está ocurriendo en Caja Madrid.

La impúdica pelea por el poder interno en la Caja madrileña, cuarta institución de crédito española, demuestra lo que ya se sabía: que los criterios de gestión son igualmente políticos, por lo que su solvencia no está garantizada. Si los ciudadanos fuéramos consecuentes, habría ya largas colas a las puertas de Caja Madrid para retirar todos los depósitos. Sólo así entenderían los responsables políticos la irritación que suscita su afán manipulador.

Pierde el tiempo Solbes tratando de minimizar el desastre con argumentos inanes. El entramado financiero que se sostuvo con dificultad durante el 'boom' inmobiliario ya no se tiene en pie. El viejo modelo de cajas de ahorros no es sostenible, y convendría reconocerlo paladinamente antes de que lo haga la propia sociedad y actúe en consecuencia, complicando aún más la solución del problema.

De momento, y como corresponde a una sociedad madura, la crisis de CCM no ha generado pánico ni colas de clientes en pos de sus ahorros, lo que hubiera provocado un problema material añadido. Pero no debería ignorar el Gobierno, y Solbes en particular, que la irritación crece ante las consecuencias cada vez más graves de las malas políticas que nos han traído hasta aquí. Porque la burbuja inmobiliaria, causante de nuestro infortunio, ha sido cultivada por toda una clase política -del PP y del PSOE indistintamente- que no ha estado a la altura, en connivencia con una clase empresarial y financiera que no ha tenido escrúpulos.

No se nos diga, pues, que estamos en presencia de una "cuestión menor".

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