5 ago 2009

EEUU: ¿otro Plan de estímulo?


loultimoenpolitica.blogspot.com

Tras la primera oleada de planes de estímulo acometidos por las economías desarrolladas, la lentitud en sus resultados ha abierto el debate sobre la posibilidad de insuflar una segunda inyección de dinero público, una tesis que defienden renombrados economistas estadounidenses y que podría calar en nuestros socios europeos o, incluso, en España.

Otros expertos rechazan ese segundo paquete anticrisis, bajo el argumento de que comprometería los niveles de endeudamiento público y de que la factura la acabarán pagando los contribuyentes.

En los últimos tiempos, al presidente Barack Obama no le salen las cuentas y los ciudadanos comienzan a impacientarse. Con la tasa de paro rozando peligrosamente el 10%, cualquier otro signo de recuperación dentro de la economía norteamericana sigue sin dar sus frutos, especialmente a pie de calle.

Entre reducciones salariales, despidos y desahucios inmobiliarios, las dudas sobre la efectividad del plan de estímulo americano -de nada menos que 787.000 millones de dólares (560.000 millones de euros)- aprobado por el Congreso el pasado febrero no hacen más que atosigar a la Casa Blanca.

Dudas sobre si es suficiente

Con la soga al cuello, los rumores sobre la imperiosa necesidad de impulsar un segundo plan de estímulo siguen acumulándose en los mentideros del Capitolio, una idea que algunos consideran descabellada dado que la Oficina Presupuestaria del Congreso cree que el déficit presupuestario podría alcanzar los 1,8 billones de dólares en el presente año fiscal. Aun así, parece que los efectos retardados de la primera inyección de fondos, para resucitar a la economía norteamericana de la recesión, no hacen más que impacientar a la población.

Las opiniones sobre la posibilidad de que el anterior cheque se quedase corto o que quizás su distribución no haya sido la adecuada siguen encendiendo una explosiva mecha que comienza a dividir a la crema y nata de la clase política y económica del país.

El economista de Harvard y ex consejero de Ronald Reagan Martin Feldstein aseguró a la revista Atlantic que el primer estímulo "sólo dedicó un 25% al gasto gubernamental". Y añadió que "el resto fue invertido en recortes fiscales y ayudas a individuos, lo que tiene mucho menos impacto en el PIB". Aun así, no apoya la idea de una segunda vuelta en forma de plan de estímulo, ya que elevar la deuda pública no haría sino poner más peso sobre los contribuyentes y podría disparar los tipos de interés a largo plazo.

Partidarios del 'sí'

Sin embargo, para el premio Nobel de Economía 2006, Edmund Phelps, la situación es completamente distinta. En una entrevista con elEconomista, Phelps criticó a la Administración Obama por aceptar en su plan de estímulo proyectos de infraestructuras que no comenzarán hasta finales de este año o en 2010. "No sabemos cuál será el impacto real de muchas de las iniciativas, especialmente aquellas destinadas a las energías renovables y el medioambiente", aseguró.

Para el profesor de la Universidad de Columbia, es necesario un nuevo "estímulo fiscal basado en ayudas a los desempleados, créditos fiscales a los inversores y una suspensión temporal de los impuestos sobre los ingresos empresariales".

En la misma línea opina el economista Nouriel Roubini, presidente de RGE Global Monitor y uno de los que aventuraron la catástrofe económica y financiera. "Será necesario un nuevo estímulo de entre 200.000 y 250.000 millones de dólares a finales de este año o comienzos del que viene", determinó. Y, desde el Centro de Estudios Económicos, su codirector, Dean Baker, apunta que "el problema principal es que el primer estímulo se quedó corto".

Una tesis que también sostiene otro premio Nobel, Paul Krugman, que en su blog indica que no es que el plan de estímulo está trabajando más lentamente de lo esperado. El problema, según Krugman, es que el agujero que el plan tiene que llenar es mucho mayor que lo esperado".

En medio de este rifirrafe, la Casa Blanca repite una y otra vez que "es demasiado pronto para anticipar resultados", apoyándose en la idea de que habrá que esperar hasta septiembre de 2010 para que alrededor del 70% del dinero del plan haya sido invertido.

En nuestro país, el profesor del IESE Business School, José Ramón Pin Arboledas, se suma a los partidarios del sí. Justifica que, una vez que se ha apostado por una línea de intervención keynesiana, no puede ser de un solo ejercicio. Y no sólo se refiere a Estados Unidos. En el caso de España identifica la necesidad de más medidas anticrisis, pues espera un importante aumento del paro en el tercer trimestre, al terminar las obras del Fondo Estatal de Inversión Local.

Las razones del 'no'

El director del Centro para la Libertad y la Prosperidad Global del Cato Institute, Ian Vásquez, indicó a elEconomista que la premisa de que aún se ha gastado poco es "difícil de sostener después de que los Estados han efectuado desembolsos récord. Indica que es un argumento políticamente complicado para los contribuyentes, que son los que tienen que acabar pagando.

En este sentido, el profesor Juergen B. Donges, director del Instituto de Política Económica de Colonia, indica que las inyecciones de los Estados han sido "ultraexpansivas", alrededor del 5% del PIB en EEUU y del 2 % en Europa. Como todos los planes incluyen partidas destinadas a infraestructuras -razona Donges- lleva su tiempo ver los resultados: "pueden tardar 18 meses en tener efectos sobre la economía real", señala. Por tanto, estima "contraproducente" barajar un nuevo plan, pues ello significaría, por un lado, "que las cosas no se han hecho bien" y, por otro, "que aún no se ha tocado fondo". Además, el catedrático de la Universidad de Colonia indica que la teoría económica no permite hallar la cantidad de gasto necesaria para una reactivación.

Mientras, el director del Servicio de Estudios del IEE, Gregorio Izquierdo, diferencia el caso estadounidense del español. Puesto que allí los estabilizadores automáticos -aumento de prestaciones y transferencias más caída de los ingresos tributarios- son menos potentes, sí puede ser preciso un segundo estímulo. No así en Europa, donde esos estabilizadores funcionan más activamente.

Además, rechaza una segunda inyección por lo desmesurado que ha sido el desembolso de los Estados, lo que le lleva a concluir que el gasto público ya es un problema en sí mismo. "Se ha pensado tanto en poner soluciones a la crisis que no se ha pensado en su salida". Si el déficit y la deuda siguen engordando, advierten los expertos, se hipoteca el futuro postcrisis en forma de medidas de austeridad y subidas de impuestos.

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