19 may. 2009

Obama planifica disminuir emisiones de gases contaminantes


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El presidente de Estados Unidos Barack Obama anunció este martes el primer plan nacional para controlar el gasto de combustible y la emisión de gases contaminantes de los vehículos, en lo que presentó como un paso en su ansiada búsqueda de reducir la dependencia estadounidense del petróleo importado.



"Por primera vez en la historia hemos puesto en movimiento una política nacional destinada a incrementar el rendimiento de combustible y reducir la emisión de gases de efecto invernadero en todos los autos y camiones vendidos en EE.UU.", dijo Obama en un discurso desde el jardín de la Casa Blanca.

Según el anuncio presidencial, para el 2016 los autos deberán tener un consumo promedio de 35,5 millas por galón, unos 15,7 kilómetros por litro de combustible, cuatro años antes de lo que estaba previsto bajo las actuales regulaciones.

El rendimiento promedio actual de los vehículos en EE.UU. es de 12,2 kilómetros por litro, aunque algunas camionetas o grandes autos de lujo pueden tener rendimientos similares a los de veinte años atrás cuando era de tan sólo 8 kilómetros por litro.

Reglas unificadas

"Las reglas para economía de combustible en este país son inadecuadas, inciertas e inflexibles", dijo Obama refiriéndose al sistema regulatorio que existe en EE.UU.

El plan unificará las directivas de la Agencia de Protección Ambiental, EPA (por sus siglas en inglés), las del Departamento de Transporte y las que estableció el estado de California y que aspiraban seguir otros 13 estados, pero que no obtuvo autorización para entrar en vigor en tiempos del gobierno de George W Bush.

Al final del programa propuesto por Obama los autos deberán emitir un tercio menos de dióxido de Carbono, CO2, un gas asociado al fenómeno invernadero al que grupos científicos responsabilizan por el calentamiento global.

En esos cuatro años de vigencia del plan se calcula que el consumo de petróleo se reduzca en unos 1.800 millones de barriles, equivalente a unos 86 días de suministro, y se hayan emitido 900 toneladas métricas menos de CO2, que sería como apagar unos 177 millones de los autos que circulan actualmente.

"Eso es más petróleo que el que importamos el año pasado de Arabia Saudita, Venezuela, Libia y Nigeria juntos. Es como sacar 58 millones de autos de las carreteras por todo un año", dijo Obama a manera de ilustración.

El presidente no identificó a ningún país en particular cuando dijo que EE.UU. tenía que comprarle petróleo a naciones que "no apoyaríamos si tuviéramos la posibilidad de elegir".


Bueno para todos

Como vende la Casa Blanca el plan es "bueno para los consumidores, bueno para el país y para el ambiente", según el informe que distribuyó poco antes del anuncio la oficina de prensa de la presidencia estadounidense.

Pero aunque los conductores se beneficiarán del ahorro en combustible, conocedores de negocio automotriz aseguran que deberán comprar unidades hasta US$1.400 más costosas debido a la inversión en investigación y desarrollo de nuevos equipos y actualizaciones tecnológicas que se incorporarán a los autos.

"Claro que cuesta dinero desarrollar estos vehículos, pero aunque el precio de los autos suba el costo de conducirlos bajará cuando los conductores ahorren dinero en el surtidor de gasolina", reconoció el presidente, quien aprovechó una vez más para incentivar la compra de autos de la abatida industria estadounidense.

Aunque el gobierno no propone limitar los modelos o el tamaño de los tradicionalmente grandes autos estadounidenses, se da por descontado que la industria tendrá que usar materiales más livianos y quizá reducir dimensiones para cumplir con la nueva norma.

Aún con las metas propuestas por la Casa Blanca, los estándares estadounidenses seguirán rezagados frente a las de Europa -que aspira rendimientos 25% mayores- y a las que actualmente rigen en Japón, consideradas las más exigentes del mundo.

Nuevas prioridades

En el pasado la eficiencia de los combustibles no ha sido prioridad para los fabricantes estadounidenses que trabajan en un mercado en el que la gasolina puede considerarse relativamente "barata" si se compara con lo que cuesta en otros países.

Además, las automotrices siempre temieron el impacto en los precios de sus productos que pudiera tener las regulaciones.

Pero en la actual coyuntura, con dos de las tres grandes fabricantes (General Motors y Chrysler) sobreviviendo gracias a la ayuda de fondos del gobierno y fuertes caídas en las ventas, el sector no parece tener ni mucho margen de maniobra ni demasiada capacidad de presión.

Sin embargo, para la industria es preferible manejar un solo estándar de consumo a tener que lidiar con varios tipos simultáneamente en el caso de que los estados siguieran el ejemplo de California y decidieran establecer sus propias regulaciones.

Además los fabricantes de autos reconocen que vehículos más económicos podrían lograr en el mediano plazo reactivar las compras, que en un año han caído en un 40%.

El hecho de que al momento de anunciar el plan el presidente Obama estuviera flanqueado por representantes de diez de los principales fabricantes de autos da una idea de cómo han depuesto su renuencia y desconfianza a las regulaciones oficiales en cuestión de pocos años.

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