12 jun. 2009

Tarde o temprano el dinero será más caro; y entonces........



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La confusión reina en los tipos: oficiales al 0%, preferentes al 8%, bonos al 4%... Las subidas de la curva a
largo plazo de la deuda soberana son un aviso del mercado a los planes de financiación estatales: si quieres dinero, paga más. Este recelo a los déficit in crescendo de los países, junto al riesgo a futuras subidas de los tipos oficiales para aplacar la inflación, pone en riesgo la recuperación económica.

La alarma saltó esta semana en los mercados cuando el Tesoro de EE UU sufrió para colocar deuda a 10 años. La falta de demanda del inversor propició una fuete subida en los tipos a largo de los bonos estadounidenses. En un mes, el americano a 10 años ha escalado desde el 3% hasta los máximos desde octubre (3,8%), un indicador de que el mercado pide más rentabilidad en las emisiones que financian los planes anticrisis.

Sólo el Gobierno que preside Barack Obama pedirá prestado en el año fiscal que va hasta el 30 de septiembre 3,25 billones de dólares (2,31 billones de euros), una cantidad que cuadruplica los 892 millones del pasado periodo y que equivale a más de dos veces el PIB español, según Goldman Sachs, uno de los principales colocadores de deuda de la principal economía del mundo.

“En esta línea, cualquier temor sobre un posible repunte de la inflación que pueda elevar los tipos a largo será mal recibido por los mercados”, comenta Link Securities. Un repunte en los tipos a largo plazo puede acabar “con la incipiente recuperación económica al incrementar los costes de endeudamiento de empresas y particulares”.

En el caso americano, las hipotecas están referenciadas a la evolución del bono a 30 años, mientras que en Europa suelen estarlo al tipo del interbancario. Por lo tanto, una subida en el tipo de los bonos afecta al poder adquisitivo del estadounidense y, además, puede retrasar la recuperación del mercado inmobiliario, germen de la actual crisis. José Luis Martínez Campuzano, estratega jefe de Citi en España, cree que la subida de tipos es el “mayor obstáculo para la recuperación económica norteamericana”.

Además, una subida en los tipos de la deuda soberana implica un mayor coste de financiación para las empresas, ya que normalmente una compañía tiene que retribuir al inversor su deuda con un tipo más alto que el de un Estado que cuente con una calificación triple A, como es EE UU. Por lo tanto, puede ser un freno al crecimiento, por una parte, y también a la refinanciación de anteriores deudas, por otro.

“Lo que en estos momentos hay en juego es el papel [del dólar] de moneda de referencia en los mercados internacionales y el escepticismo de que la economía norteamericana lidere en el futuro el crecimiento mundial. La reciente visita del Secretario del Tesoro a China es un buen ejemplo de la preocupación de la Administración norteamericana sobre ambas cuestiones”, comenta Campuzano. Desde estos países, “por responsabilidad” e “inexistencias de alternativas”, seguirán invirtiendo en el dólar, pero “pedirán más rentabilidad ante el mayor riesgo que supone ahora la moneda norteamericana”.

De hecho, algunas naciones se replantean diversificar su cesta de divisas para tener una exposición menor al dólar. Brasil y Rusia se unieron a China esta semana al decir que estudian cambiar unos 70.000 millones de dólares por bonos multidivisa que emitirá el Fondo Monetario Internacional (FMI). Los líderes de los BRIC (Brasil, Rusia, China e India) se reúnen el 16 de junio para estudiar el déficit de 1,85 billones que se prevé para este año en EE UU, con un plan de estímulo económico de 787.000 millones.

Según las últimas cifras, China es el principal acaparador de deuda americana con 768.000 millones de dólares en treasuries a cierre de marzo, según datos del Tesoro. Le sigue Japón con 687.000 millones. Su ministro de Finanzas, preocupado por la evolución que pueda tener el precio de estos activos (inverso a la rentabilidad), dijo ayer que seguirán comprando en las próximas emisiones.

¿CUÁNDO SUBIRÁN LOS TIPOS OFICIALES?

A la espera de que se despeje la incertidumbre que reina en la evolución de los tipos, oficiales y secundario, el Bundesbank lanzó esta semana un aviso para navegantes: las entidades monetarias tienen que elevar los tipos de interés a tiempo para evitar que suba la inflación y prevenir una nueva crisis. La hiperinflación de Weimar (1923), alentada por los tipos bajos en plena reconstrucción del país tras la Primera Guerra Mundial, derivó en un estado profundo de depresión y el posterior ascenso al poder de Hitler.

Con ese referente, parece lógico que Alemania se postule también en contra de la medida del Banco Central Europeo (BCE) de comprar bonos asegurados, tipo cédulas hipotecarias, por los problemas inflacionistas que pueden derivar. Reino Unido y EE UU ya han tomado medidas similares, que en esencia consisten en darle a la máquina del dinero.

Lo que parece evidente es que a medio o largo plazo todas las medidas expansivas tomadas por los Estados para aplacar la crisis (emisión de deuda, compra de activos, avales) pueden provocar inflación. Y que tarde o temprano los bancos centrales tendrán que encarecer el precio del dinero para que la situación no se les escape. En cualquier caso, dice Campuzano, preocupa más la “posibilidad de que los bancos centrales den marcha atrás en las medidas expansivas” que un repunte temporal de crudo y tipos.

Sin duda, la subida en los precios del crudo es otro de los factores a tener en cuenta por los bancos centrales a la hora de definir su política monetaria. El futuro del barril West Texas, ahora en 72 dólares, ha escalado un 120% desde sus mínimos de diciembre (32,4 dólares), lo que, además de poder ser un elemento inflacionista, se puede convertir en una traba para la incipiente recuperación económica.

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