23 jun. 2009

El Banco Mundial cree que será otra década perdida


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Según un informe del Banco Mundial, los préstamos del FMI y otras instituciones de crédito apenas ayudarán al mercado emergente y a los países de medianos ingresos. Se ofrecerán préstamos baratos a quienes puedan devolverlos, y no necesariamente a quienes más los necesitan.


Para el Sur en desarrollo, las previsiones no podrían ser peores: el hambre y la pobreza crecen, el financiamiento cae en picada y los mercados de capitales, los donantes y los organismos oficiales de crédito sufren una grave crisis, dijo el Banco Mundial.

"Casi dos años después de que el mercado hipotecario de Estados Unidos precipitara la mayor crisis financiera desde la Gran Depresión, sigue la inestabilidad en los mercados financieros mundiales y las perspectivas de que el capital fluya a los países en desarrollo son difusas", indicó el Banco en su más reciente informe.

Se prevé que "el declive en el flujo de capitales privados al mundo en desarrollo marque un récord", así como la primera contracción económica a nivel planetario desde la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), sostuvo el Banco en su estudio, titulado "Flujos mundiales de financiamiento para el desarrollo 2009: El derrotero de la recuperación mundial".

El informe, divulgado el lunes, abona la preocupación de que deshacer los daños causados por la crisis lleve años. Los Objetivos de Desarrollo de la ONU para el Milenio parecen cada vez más una suerte de fantasía, mientras todo indica que se avecina otra "década perdida" y de miseria profunda.

Esos objetivos, definidos en 2000 por la Asamblea General de la ONU (Organización de las Naciones Unidas), incluyen reducir a la mitad la proporción de pobres y hambrientos respecto de 1990, garantizar la educación primaria universal y promover la igualdad de género.

Entre estas metas, que deberían cumplirse para 2015, también figuran reducir la mortalidad infantil y la materna, combatir el sida, el paludismo y otras enfermedades, asegurar la sustentabilidad ambiental y fomentar una asociación mundial para el desarrollo.

El Banco y varias agencias de la ONU han advertido que para fines de este año la crisis mundial arrastrará a más de 200 millones de personas debajo de la línea de pobreza, es decir que su ingreso se reducirá a menos de dos dólares diarios.

Las campañas para mejorar la alimentación de los más desvalidos se estancaron hace años, pero la crisis actual acelera la propagación del hambre crónica, que este año afectará a mil 20 millones de personas, una cantidad sin precedentes.

Los países pobres estaban sometidos a una intensa presión aun antes de la crisis financiera, y ahora afrontan "perspectivas económicas cada vez peores si no se revierte para 2010 el drástico deterioro en sus ingresos de capital por concepto de exportaciones, remesas e inversiones extranjeras directas", señaló el Banco.

La institución avizora una contracción de la economía mundial de 2.9 por ciento en 2009, así como aumentos de "un modesto dos por ciento en 2010 y de 3.2 por ciento en 2011", mientras la consolidación del sector bancario, la pérdida de riqueza y la aversión de los inversores al riesgo continúan debilitando la demanda global.

Y como lleva tiempo que las recuperaciones se hagan sentir en la población, el desempleo continuará alto en los países ricos y en los pobres con alta dependencia del comercio con las economías avanzadas.

"Las condiciones similares a la recesión continuarán prevaleciendo", dice el Banco.

Las economías en desarrollo crecieron 8.1 por ciento en 2007, pero el ritmo caerá a 1.2 por ciento este año, gracias a los resultados de China e India. El producto del resto del Sur caerá a 1.6 por ciento, causando una "continuada pérdida de puestos de trabajo y sumiendo a más personas en la pobreza", agrega el informe.

Incluso sumando a China e India, la recuperación sólo permitirá que el crecimiento ascienda a apenas la mitad de los registros anteriores a la crisis.

El desconcierto aumenta por las dudas que persisten sobre la solidez de los bancos del Norte rico, y por la creciente preocupación respecto del endeudamiento de los gobiernos en su intento por estimular la economía.

Proyecciones actualizadas muestran que el endeudamiento se duplicará en algunos de estos países. El déficit se financiará mediante impuestos o nuevos bonos. Las consecuencias incluirán mayores intereses, lo que a su vez elevará el costo del capital para todos los prestatarios, entre ellos empresas del mundo en desarrollo.

"La necesidad de reestructurar el sistema bancario, combinada con el surgimiento de límites a las políticas de expansión en países de altos ingresos, impedirá que cobre fuerza una recuperación mundial", dijo el economista jefe del Banco, Justin Lin.

La institución prevé que este año el flujo privado de capital a los países en desarrollo caerá a 363 mil millones de dólares, alrededor de la cuarta parte del máximo alcanzado en 2007 (unos 1.2 billones de dólares), y apenas la mitad de los 707 mil millones de dólares recibidos en 2008.

Considerados como una proporción de la producción de los países en desarrollo, estos flujos de capitales privados e inversiones en valores se han desplomado, de 8.6 por ciento en 2007, a apenas por encima de dos por ciento en 2009.

Esta caída es mayor que la observada durante la crisis de deuda latinoamericana de comienzos de los años 80, y que la combinación de las crisis de Asia oriental y Rusia de fines de los 90. Y esta vez ha afectado a todas las regiones en desarrollo.

Pero "la perspectiva de que los países donantes aumenten significativamente la asistencia es sombría", advierte el estudio del Banco.

El informe atribuye sus previsiones a la intensa presión fiscal que afrontan los donantes a causa de la propia crisis, pero en otras regiones el Banco ha observado que pocos donantes han mantenido su palabra en materia de asistencia, incluso en los buenos tiempos.

La Unión Europea (UE) promete brindar 0.56 por ciento de los ingresos nacionales en asistencia para 2010, pero aunque no lo haga el valor financiero real de este compromiso se reducirá, pues sus economías nacionales pierdan vitalidad.

Pese a los compromisos, el Fondo Monetario Internacional (FMI) espera que los donantes recorten alrededor de un tercio de su aporte este año.

El FMI vigila de cerca a los países que podrían quedar en bancarrota. Ya lanzó paquetes de rescate para Belarús, Georgia, Hungría, Islandia, Letonia, Pakistán, Rumania, Serbia y Ucrania, destinados a pagar sus cuentas y a apuntalar las reservas en divisas.

Los principales gobiernos de países ricos y emergentes han accedido a impulsar la capacidad de préstamo del FMI y de los bancos multilaterales de desarrollo.

La semana pasada, el Congreso legislativo de Estados Unidos aprobó un paquete financiero adicional para que el Fondo hiciera préstamos de emergencia.

El informe admite que la mayoría de los préstamos derivados de la crisis extendidos por el propio Banco, el FMI y otras instituciones de crédito apenas ayudarán al mercado emergente y a los países de medianos ingresos.

"Poco de ese financiamiento puede ponerse a disposición de los países de bajos ingresos, que tienen una limitada capacidad de pedir préstamos", señala el Banco.

En otras palabras, se ofrecerán préstamos baratos a quienes puedan devolverlos, y no necesariamente a quienes más los necesitan.

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