24 may. 2009

Joseph Cassano, el hombre que derrumbó al coloso AIG



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¿Puede un solo hombre ser capaz de provocar que la mayor aseguradora del mundo se colapse hasta el punto de tener que ser rescatada por el Gobierno de Estados Unidos a vida o muerte?

Joseph Cassano, a quien se ha llegado a apodar como el chico de oro del casino, ha sido señalado por el dedo inquisidor del mercado, que continúa buscando culpables a una crisis de dimensiones extraordinarias como la actual. Se le acusa de haber gestado el embrión que fue capaz de destruir AIG desde la división de productos financieros en la que trabajaba. Es más, de la que era presidente.

¿Qué tiene de particular el hijo de un humilde policía que trabajó durante algunos años en el centro neurálgico de la inversión,Wall Street, y que ahora lleva una vida aparentemente normal en Londres? Cassano y su equipo colocaron alrededor del mundo miles de millones de seguros de crédito de AIG sin tener en cuenta que era prácticamente humo lo que sus productos estaban protegiendo. Pero esta fue sólo una pieza de un dominó que comenzó a derrumbarse desde mucho antes, porque la primera ficha fue la que puso en el tablero la banca norteamericana.

Las grandes entidades de EEUU concedieron las ya archiconocidas hipotecas subprime (o de alto riesgo) a gente que no podría asumir su pago. Pero además, troceó estas hipotecas y las vendió en el mercado como deuda que se comercializaría alrededor del mundo en forma de productos estructurados y de compleja identificación. Entonces apareció Cassano. Su equipo comenzó a ofertar seguros desde AIG, conocidos como CDS o credit-default swaps.

La expansión de estos seguros no se limitó a las fronteras estadounidenses. En poco tiempo, la banca europea había protegido más de 300.000 millones de dólares de deuda a través de estos productos, una red que contagió también a grandes compañías y hedge funds (fondos de inversión libre). Todo iba bien, Cassano y su equipo recibían elevadísimos bonus por el éxito de estos CDS, hasta que las hipotecas subprime comenzaron a recibir un tiroteo de impagos.

La reacción en cadena fue tan grande y se destapó tal número de créditos dudosos que AIG -o Joseph Cassano- se dio cuenta de que no podía asumir más de un billón de dólares que había asegurado en préstamos subprime, pese a que se suponía que sus productos cubrían precisamente el riesgo de impago. La mayor aseguradora del mundo fue rescatada entonces con la justificación de que su caída entrañaba un riesgo sistémico.

Sueldos astronómicos

En febrero de 2008 AIG presentó la que hasta el momento había sido su mayor pérdida, de más de 11.000 millones de dólares. Un día más tarde, el chico de oro del casino fue retirado del panorama de la compañía. Joseph se marchó, pero no sin antes haber hecho caja de forma brutal durante su estancia en AIG. El equipo de 400 empleados que poseía su división habrían ganado en siete años en torno a 3.500 millones, según afirma el diario The Sunday Times, y Cassano habría hecho más de 300 millones de dólares (unos 215,8 millones de euros) mientras trabajó en la firma. Pero sus privilegios no acabaron ahí. Incluso una vez que fue forzado a abandonar la compañía (que no despedido), siguió percibiendo un millón de dólares al mes y recibió 34 millones de dólares en bonus.

El escándalo va más allá. Al igual que numerosas voces se han ido haciendo eco de los lujos de Bernard Madoff "responsable del mayor fraude piramidal de la historia", las críticas han sacudido también a los ejecutivos de AIG "salvando las diferencias entre ambos casos". El demócrata Henry Waxman, presidente del Cominté de Supervisión y Reformas del Gobierno de la cámara de Representantes de EEUU, no dudó en denunciar los lujos de la cúpula de la aseguradora. Según Waxman, los ejecutivos de la compañía se habrían gastado más de 440.000 dólares durante una estancia en un hotel de California, gastándose más de 23.000 dólares (16.500 euros) en tratamientos del balneario del complejo.

Waxman tuvo la oportunidad de interrogar al ex jefe de ejecutivos de la compañía, Sullivan. Cuando le preguntó por qué no habían despedido a Joe Cassano, respondió que "tenían que retener los 20 años de conocimiento de las transacciones" que sólo él tenía. Según la carta enviada a Joseph el 11 de marzo de 2008, su "retiro" (tal y como se alude a su marcha de la compañía en dicho documento), contempla que siga ofreciendo servicios de consultoría a la empresa durante 9 meses, labor por la que cobrará un millón de dólares al mes. La carta también deja claro que, terminado ese periodo, Cassano estará de acuerdo en no solicitar ningún tipo de empleo a la empresa.

¿Inexperto o demasiado listo?

Cassano no era un experto en esta nueva ingeniería financiera que se había creado en los últimos años. De hecho, los estudios que había cursado en el Brooklyn College eran de ciencias políticas. Antes de entrar en la mayor aseguradora del mundo, el hijo del policía de Brooklin (otro sobrenombre con el que se le apoda), trabajó en el banco de inversión Drexel Burnham Lambert, que terminó por quebrar en 1990 por su actividad en el mercado de bonos basura. Pero Joe supo abandonar el barco a tiempo, tres años antes, concretamente.

Sin embargo, una investigación llevada a cabo por ABC News reveló que Cassano podría haber establecido varias compañías independientes para llevar a cabo este tipo de transacciones, sacándolas de algún modo de los libros de AIG y apartándolas de la mirada de los reguladores de Estados Unidos y Reino Unido. Quizás ahora, un año más tarde, no sería capaz de reconocer sus propias palabras, aquéllas que pronunció en una conferencia con analistas mientras estaba al frente de AIG: "Sin ser arrogantes, es difícil para nosotros ver un escenario en el que exista alguna razón que nos haga perder un solo dólar en estas transacciones", afirmó Joe. Pero al margen de que el FBI esté investigándole por supuesto fraude, son muchos los que piensan que la actuación de Cassano fue sólo la estocada final a una compañía que ya estaba malherida.

Las sombras de AIG

Hasta aquí, las razones del mercado para culpar a un hombre que cobraba un sobresueldo por extender un virus financiero de millones de dólares son comprensibles. Pero, ¿es Joseph Cassano el responsable de que AIG tuviese que ser rescatada con más de 180.000 millones de dólares (unos 130.000 millones de euros) por el Gobierno de EEUU? Christopher Whalen, director general de la Institutional Risk Analytics (IRA), una reputada consultora estadounidense, afirmó al diario The SundayTimes que "la incursión de AIG en los CDS fue el gran final". Este experto sostiene que "Cassano estaba intentando encubrir una bestia herida y moribunda", que es en lo que, supuestamente, se había convertido la compañía mucho antes.

Esta firma, dedicada al análisis, afirma en su página Web que "AIG nunca tuvo la posibilidad de generar ingresos suficientes para cubrir sus contratos de CDS, por tanto, satisfacer los "juegos de deuda" de la aseguradora cubriendo el valor nominal con fondos públicos tal y como hicieron Bernanke (presidente de la Reserva Federal) y Geithner (secretario del Tesoro) es un acto ridículo e incluso criminal".

"Los CDS deAIG eran una farsa sin correlación entre los honorarios pagados y el riesgo asumido", apuntó Whaler en una ocasión.

En 2001, el diario británico The Economist encargó un análisis a una firma independiente llamada Seabury Analytic sobre AIG, que en aquellos momentos cotizaba por encima de los 80 dólares por acción. En dicho documento, se concluía que la aseguradora estaba "claramente sobrevalorada" y que "tendría que crecer en torno a un 63 por ciento más rápido que sus comparables durante los próximos 25 años para justificar que cotizase en niveles tan elevados". Tim Rayment, periodista que investigó el caso, afirma que AIG se dirigió al analista que había afirmado aquello con una carta de rectificación, para que la firmase. Ante su rechazo, también envió en jet privado a sus ejecutivos hasta la sede de The Economist, con el objetivo de que se retractasen. Algo que tampoco sucedió.

Pero hay quien va más allá en culpar a la gestión de un acompañía antes que a las acciones que haya podido tomar el hijo de un policía de Brooklyn. AIG tiene dos casos oscuros en su historia. Whalen alude a menudo al "hábito ocasional de la compañía de utilizar acuerdos secretos para falsear balances". La primera sombra fue un caso que llevó a un ejecutivo de la compañía General Re, Robert D.Graham, a la cárcel. Los investigadores sostuvieron que, en 2005, General había pagado más de 500 millones en primas a AIG por asegurar un riesgo inexistente. En realidad, Graham fue declarado culpable por inflar las cuentas de la aseguradora. Este caso le costó su cargo al entonces presidente de la compañía,Maurice R. Greenberg.

Éste fue sustituido por Martín J. Sullivan, quien tendría que declarar ante el Comité de Supervisión y Reformas del Gobierno de la Cámara de Representantes en octubre de 2008, tras el rescate de la compañía. Sullivan confesó que cuando tomó las riendas de la aseguradora, la compañía ya "soportaba el peso de varias crisis muy diferentes a la que sufre actualmente el sistema financiero". Antes de la llegada de Sullivan, en 2003, AIG ya había tenido que enfrentarse a otro escándalo: fue multada con 10 millones de euros por ayudar a Brightpoint, una compañía de telecomunicaciones, a "esconder" 11,9 millones de dólares en pérdidas con un producto asegurador que ofrecía la compañía. Seis años después, la compañía vuelve a estar en el punto de mira de los investigadores, y el escándalo que supone la mezcla de dinero público con bonus sigue enervando al mercado.

Mientras tanto, Joseph, ya fuera del negocio de la aseguradora, recorre las calles de Londres en su bicicleta. Asus 54 años, dicen los que lo han visto pasear tranquilamente, ataviado con su casco rojo, que no tiene la apariencia de alguien que debería estar espiando por las ventanas de su casa la inminente llegada del FBI.

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