29 dic. 2008

Haniyéh: "Palestina nunca ha visto una masacre tan horrible"


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Gaza amaneció convertida en una ciudad fantasma, atestada de ciudadanos que encerrados en sus casas temían lo que no tardó en llegar, la lluvia de misiles israelíes que cayó por tercer día consecutivo en la campaña militar más mortífera en la franja desde 1967. Las agencias internacionales hablan de "túneles" como objetivos militares porque "por allí se importan armas". No hay ni una sola noticia que señale que por allí, escapan de la muerte los palestinos hambrientos que hay en Gaza. Hamas llamó a una tercera intifada.

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Gaza amaneció convertida en una ciudad fantasma, atestada de ciudadanos que encerrados en sus casas temían lo que no tardó en llegar, la lluvia de misiles israelíes que cayó por segundo día consecutivo en la campaña militar más mortífera en la franja desde 1967. Los muertos ascienden a 350 y los heridos superan los 1500, según fuentes médicas palestinas. De ellos, 120 se encuentran en estado crítico en hospitales en los que falta casi de todo. Los últimos cuatro fallecidos se produjeron en ataques lanzados a última hora de ayer, que alcanzaron uno de los símbolos de Hamás en la franja: la Universidad Islámica. De los líderes de Hamás no queda ni rastro; se refugian en sus escondites temerosos de que Israel emprenda una nueva campaña de asesinatos selectivos como hiciera en el pasado. El líder de Hamás, Jaled Meshaal, llamó a los palestinos a sublevarse en una tercera Intifada, desde su exilio en Damasco. Hamás respondió a los bombardeos del Ejército lanzando una veintena de cohetes y seis granadas de mortero que impactaron sin causar heridos, en varias poblaciones del sur del país, donde vive un cuarto de millón de israelíes. Desde el sábado, el movimiento islamista palestino ha disparado 110 modestos artefactos. El Gobierno israelí aprobó ayer la llamada a filas de 6.500 reservistas; una señal más de que la campaña se ampliará con incursiones terrestres. Ayer, los blindados israelíes aguardaban órdenes alrededor de la franja. La ofensiva israelí comenzó el sábado por la mañana, ocho días después de que expirara la tregua de medio año pactada entre Israel y Hamás. Israel quiere frenar la lluvia de cohetes palestinos que en los últimos ocho días se han cobrado una víctima mortal. Hamás acusa a Israel de haber roto la tregua con su ataque de noviembre en el que mató a seis milicianos y de no cumplir su compromiso de apertura gradual de los pasos fronterizos para permitir la entrada de víveres a la franja. Los nuevos bombardeos destrozaron almacenes de armamento, una comisaría de policía, la prisión central (de la que escaparon los presos), la sede de la televisión de Hamás Al Aqsa y una mezquita, entre otros edificios. El Ejército israelí informó de que había destruido 40 de los túneles que unen el sur de la franja con Egipto y que los islamistas utilizan para suplir las carencias de una población sometida al bloqueo israelí desde hace más de un año. Israel acusa a Hamás de utilizar los corredores subterráneos para introducir armas de forma ilegal. En la frontera sur de Gaza, la policía egipcia disparó ayer al aire para dispersar a cientos de palestinos que trataban de romper las vallas y cruzar al país vecino. Muchos de ellos lo consiguieron, según informa la agencia Efe. Egipto, el país encargado de mediar para lograr un alto el fuego en la zona, acusó a Hamás, a través del Ministerio de Exteriores, de impedir el traslado de heridos al país vecino. La tensión entre Hamás y Egipto aumentó anoche después de que fuerzas de seguridad palestinas mataran a un guarda fronterizo egipcio e hirieran a otro, informa Reuters. Muchos de los heridos se hacinan en los desprovistos hospitales. Faltan ambulancias, generadores y material para los cuidados intensivos. La Cruz Roja advirtió en un comunicado de que hacen falta equipos médicos en unos hospitales "ya vacíos por la dificultad de dotarse de material hospitalario en la franja en los últimos meses". Mientras los heridos penan, los muertos yacen bajo carpas funerarias que llenan las calles de Gaza, explican residentes de la franja por teléfono. "Palestina nunca ha visto una masacre tan horrible", dijo Ismail Haniyeh, el líder de Hamás en Gaza. La tensión se dejó sentir ayer por segundo día en Cisjordania, hogar de dos millones y medio de palestinos y donde se celebraron manifestaciones de apoyo a los habitantes de Gaza. En una de ellas, un joven murió por los disparos del Ejército israelí. Mahmud Abbas, presidente de la Autoridad Palestina que gobierna en Cisjordania, pero no en Gaza, criticó desde El Cairo a Hamás, a la que atribuyó parte de la culpa del ciclo de violencia por no renovar la tregua con Israel. Las palabras de Abbas dejan claro que la reconciliación entre las facciones palestinas tendrá que esperar. Por su parte, el líder de Hezbolá, Sayyed Hasan Nasralá, ordenó a sus militantes que estén alerta ante cualquier ataque israelí contra el sur de Líbano. Siria, por su parte, anunció la ruptura de las conversaciones de paz indirectas que mantenía con Israel.

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