8 may. 2009

"¿De dónde van a salir los 75.000 millones que necesitan los bancos?"


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Por fin. Ya conocemos el esperadísimo resultado de los test de estrés de la banca norteamericana, que fue peor de lo que se había filtrado: las 19 mayores entidades necesitarán en conjunto 74.600 millones de dólares para reforzar su capital ante unas pérdidas adicionales que pueden alcanzar los 600.000 millones de dólares en el escenario negativo planteado por el regulador, derivadas de la morosidad en las hipotecas y en los créditos al consumo. Pero la cuestión no es la cantidad, sino de dónde la van a sacar los bancos.


Además, el Gobierno agravó la situación al establecer que la conversión de sus acciones preferentes en ordinarias sólo se hará como último recurso si los bancos no son capaces de captar el capital de inversores privados. Muchos analistas habían restado ese dinero a la hora de calcular lo que los bancos necesitarían captar realmente en el mercado, pero ahora tienen que volver a incluirlo.

Además, hay que tener en cuenta que incluso los bancos que no necesitan capital pueden tratar de captar fondos para devolver al menos la mitad del dinero recibido del plan de rescate (el famoso TARP). Goldman Sachs calculaba antes de las cifras oficiales que la cifra total necesaria sería de 130.000 millones; como el dato final de los test fue mayor que el que se había filtrado (67.000 millones), esta estimación también debe subir. Goldman estima que hay 45.000 millones en preferentes en manos del sector privado que sí se pueden convertir en acciones y que los bancos pueden vender activos -otra de las alternativas ofrecidas por el Gobierno -valorados en otros 30.000 millones.

Esto nos deja con 55.000 millones (que pueden ser más de 60.000 en realidad) que deben ser captados en los próximos siete meses de manos privadas. Una suma que supone el triple de las ampliaciones de capital realizadas en EEUU en el último medio año, lo que da idea de la magnitud del problema al que se enfrenta el sector financiero. Y además, debe ser captada por al menos 10 bancos a la vez y en un período tan corto.
La carrera en busca del capital perdido

Esta situación puede provocar una auténtica guerra entre entidades para atraer el favor de un dinero que, hasta ahora, ha sido enormemente escaso. La primera muestra de esta posible carrera la tuvimos anoche mismo, cuando Morgan Stanley y Wells Fargo anunciaron antes de que se publicaran los resultados de los test su intención de ampliar capital de inmediato. Ya se sabe, el que da primero da dos veces.

Pero una guerra así dejaría todo el poder en manos de los inversores, claro. "Los inversores serían tontos si compraran acciones o bonos de un banco que necesita capital si existen dudas sobre su capacidad de obtener todo el capital de fuentes privadas, porque nadie quiere acciones de un banco participado por el Gobierno", explica Peter Morici, profesor de la Universidad de Maryland. Es decir, los inversores no acudirán a estas ampliaciones si temen que otros inversores no lo harán... la pescadilla que se muerde la cola.

Sabiendo que los bancos tienen que vender a cualquier precio, los gestores de fondos, por ejemplo, podrán enfrentar a unos con otros: "¿Me estás dando un 7% de descuento? ¡El banco que vino esta mañana me ofrecía un 12%!", bromeaba ayer la columna Lex del Financial Times. Pero su conclusión era muy seria: "Los test han terminado, el estrés no".

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