17 ene. 2010

Un sólo beneficiado en Haití

loultimoenpolitica.blogspot.com

Los viejos manuales de estrategia enseñan un principio: La mejor conquista es aquella que se hace en carácter de "salvador" y no de "invasor". Es la lógica del Chapulín Colorado que hoy aplica EEUU en Haití.

Por Manuel Freytas (*)
manuefreytas@iarnoticias.com


A cinco días del terremoto que arrasó con Haití, hay coincidencia mayoritaria en un punto: El gobierno, organizaciones sociales, observadores, corresponsales y analistas internacionales predicen un desenlace de violencia social generalizada a corto plazo en las áreas de la catástrofe.

Tres causas principales abonan ese pronóstico:

A) Ausencia de un plan de ayuda y de distribución de alimentos, coordinado y masivo, B) Ausencia de una autoridad (el gobierno) que organice los distintos niveles de la ayuda e imponga orden en las calles, C) Las bandas armadas que aprovechan la "tierra de nadie" para saquear las zonas devastadas y los enfrentamientos entre haitianos pobres por la comida.

El resultante se da en tres dimensiones: 1) Hambre, sed y angustia en crecimiento entre las víctimas que claman por socorro, 2) Anarquía y focos de violencia social que se tornan incontrolables para los Cascos Azules de la ONU, C) Guerras entre grupos armados que se disputan el control de la "zona liberada" de Puerto Príncipe.

En consecuencia: Lo que se vislumbra (a partir de una estimación general en Haití) es un tránsito de la catástrofe natural a una catástrofe social.

Todo se retroalimenta:

El hambre, la sed y la angustia generan desesperación social y alimentan una "olla a presión" de violencia generalizada y sin límites.

El caos y la violencia callejera generan el detonante y las condiciones para un estallido social inminente.

Los grupos armados (muchos de ellos politizados) incentivan los levantamientos para conducirlos dentro de un proceso de "libanización" de Haití (guerra civil con reparto territorial).

Algunos analistas ya hablan de "somalización" de Haití, entendida como la creación de feudos territoriales con "señores de la guerra" que negocian todo tipo de acuerdos con el poder central, o sea con las potencias y EEUU.

¿Cómo se corta este circuito explosivo?

El gobierno (una parásita gerencia de enclave de las corporaciones que sacan rentabilidad económica del empobrecido Haití) es completamente inoperante y carece de poder y de autoridad militar para imponer el orden y organizar una infraestructura de ayuda multitudinaria para las víctimas (un tercio de la población de Haití, según la ONU).

La ONU y su Consejo de Seguridad (integrado por las cinco principales potencias mundiales), en diversas reuniones la semana pasada, no consiguió acordar un plan global de coordinación y distribución del rescate y de la ayuda humanitaria en Haití.

Los gobiernos y las organizaciones internacionales, ante la ausencia de una planificación organizada, envían ayuda alimentaria y medicamentos en forma individual que, por ausencia de una autoridad distributiva, permanecen en su mayor parte concentrados en el aeropuerto y sin llegar a las millones de víctimas que padecen, sin agua, sin comida y sin electricidad, en zonas desvastadas y con principios de epidemia por los cadáveres en descomposición y sin enterrar.

Los Cascos Azules de la ONU, se ven rebalsados y no pueden controlar el caos y las peleas (a veces fatales y sangrientas) que se producen entre las víctimas para apropiarse de la comida y el agua, razón por la cual la mayoría de las veces la distribución no puede llevarse a cabo.

El intercambio de información y de datos sobre el escenario de la tragedia (números de muertos, heridos, daños, víctimas a socorrer, etc) se ve impedido a su vez por la ausencia de un comando central que reciba y procese la información y la distribuya entre las organizaciones oficiales y privadas actuantes.

Esto conduce a que nadie (ni el gobierno haitiano, ni las potencias, ni los gobiernos extranjeros, ni las organizaciones internacionales) cuente con datos fidedignos sobre lo que está pasando en las distintas zonas del desastre (estimación numérica de daños, muertos y víctimas a socorrer) .

En otras palabras, a nadie (incluidas en primer término la ONU y las potencias centrales) se le ocurrió elaborar un cuadro global de situación de la catástrofe, como punto de partida para planificar una acción coordinada y por niveles de rescate, ayuda humanitaria, y control de la seguridad en la devastada Haití.

En suma, todo lo que está pasando ahora en la Haití arrasada (caos, hambre, desesperación, guerras callejeras, enfrentamiento entre las víctimas, etc) es producto de un defecto original: La ausencia de un cerebro organizador y de una autoridad de aplicación política y militar.

En consecuencia: Haití, técnicamente, es una zona de catástrofe (humana, material y social) fuera de control.

¿Y a quién beneficia este cuadro de situación?

El Chapulín colorado

El portaaviones nuclear Carl Vinson ya está en las costas haitianas

Haití, convertida en zona de catástrofe y fuera de control, tiene un solo beneficiario: EEUU.

La razón: EEUU es la única superpotencia militar en el área en condiciones (logísticas y operativas) de imponer de inmediato una autoridad y un dispositivo militar de control efectivo para contener la explosión social y posibilitar la distribución masiva del agua y la comida que permanecen en los centros de acopio.

¿Y porqué (a seis días del terremoto) EEUU mantuvo una actitud pasiva en la ONU y la Casa Blanca solo se limitó a anunciar acciones de ayuda humanitaria limitadas?

Respuesta: Washington sigue una estrategia.

Y los viejos manuales de estrategia enseñan un principio: La mejor conquista es aquella que se hace en carácter de "salvador" y no de "invasor". Es la lógica del Chapulín Colorado.

Las potencias, la ONU, los gobiernos mundiales, las organizaciones internacionales, están pidiendo el "orden" y el fin de la violencia social que les permita ayudar y reconstruir a la devastada Haití.

Pacientemente, Washington (la potencia imperial hegemónica), esperó que se dieran las condiciones (profundización de la tragedia) para ingresar a Haití como el "gran salvador" montado sobre el corcel de una flota nuclear y con suficiente logística militar y tropas especiales para actuar en las zonas de conflicto del país devastado.

Esta vez, la operación no se llama "invasión militar" sino "misión humanitaria".

Que, en los hechos, en el teatro de operaciones, consiste en rodear a Haití con un "anillo nuclear" (portaviones, barcos, aviones y submarinos con capacidad nuclear) y desembarcar varios contingentes de tropas especiales (una brigada de la 82 División Aerotransportada de EEUU ya está en Puerto Príncipe).

Desde este lunes, y con el dispositivo nuclear-militar desplegado y posicionado, Washington parece emitir un mensaje: Señores, uds. pedían el orden y el control militar, y nosotros somos los únicos capaces de realizarlo.

Al Imperio solo le falta una cuestión burocrática: Que las potencias de la ONU (abrumadas por su incompetencia y por la profundización de la violencia social en Haití) permitan que las tropas estadounidenses reemplacen a los inoperantes Cascos Azules en el control militar de las áreas estratégicas del país. O sea, una ocupación militar efectiva de Haití.

Como diría un experto: La tragedia de Haití, llegó con un pan bajo el brazo para el Imperio yanqui.

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